Conjunto de manifestaciones clínicas que aparecen como consecuencia de la depresión del sistema inmunológico debido a la infección por el
virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Una persona infectada con el VIH va perdiendo, de forma progresiva, la función de ciertas
células del sistema inmune llamadas linfocitos T CD4, lo que la hace susceptible a diversas infecciones como neumonías o micosis, o al
desarrollo de ciertos tumores. En algunos casos se producen infecciones oportunistas (infecciones por microorganismos que normalmente no
causan enfermedad en personas sanas pero sí lo hacen en aquellas que han perdido, en parte, la función del sistema inmune) que pueden llegar
a provocar la muerte del enfermo.
Al principio de la década de 1980 se detectaron diversos fallecimientos debidos a infecciones oportunistas que también se habían observado
en pacientes transplantados que recibían una terapia inmunosupresora para evitar el rechazo al órgano transplantado. Al parecer, un gran
número de estos fallecimientos se producían en varones homosexuales. En 1983, un especialista francés en cáncer, Luc Montagnier, del Instituto
Pasteur de París, consiguió aislar un nuevo retrovirus humano en un nódulo linfático de un hombre que padecía un síndrome de inmunodeficiencia
adquirida. Por esas mismas fechas, científicos estadounidenses consiguieron también aislar un retrovirus en enfermos de SIDA, así como en personas
que habían mantenido relaciones con pacientes con SIDA. Este virus, conocido como VIH en la actualidad, resultó ser el agente causante del SIDA.
Es importante considerar que el contraer una infección por VIH no implica necesariamente que la persona vaya a desarrollar el síndrome de
inmunodeficiencia adquirida, aunque a aquellos pacientes a los que se les detecta la infección por VIH se les considera, erróneamente, como
enfermos de SIDA. De hecho, se tiene constancia de que algunas personas han sufrido una infección por VIH durante más de diez años sin que,
durante este tiempo, hayan desarrollado ninguna de las manifestaciones clínicas que definen el diagnóstico de SIDA. En el año 2000 se estimó
que unos 36 millones de personas en todo el mundo estaban viviendo con el VIH o con el SIDA (34,7 millones de adultos y 1,4 millones de niños),
de los que 25,3 millones eran africanos y 6,4 eran asiáticos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que desde 1981, cuando los primeros
casos de SIDA fueron detectados, hasta finales de 2000, se han producido 21,8 millones de fallecimientos ocasionados por esta enfermedad.
En ese año se produjeron 5,3 millones de infecciones en todo el mundo y 3 millones de personas fallecieron por causas relacionadas con el VIH.
En España se estima que, desde los primeros diagnósticos de la enfermedad, han fallecido unas 38.000 personas y que en el año 2000 se han
producido unas 2.800 nuevas infecciones. Para ese mismo año se estima que en América Latina se infectaron unas 200.000 personas. Al término
del año 2000 había en esta región alrededor de 1,8 millones de adultos y niños viviendo con el VIH o con el SIDA. |