Existen distintos medicamentos antirretrovirales que actúan en distintas fases del ciclo de replicación viral. En el ciclo vital del
virus hay un proceso fundamental, denominado transcripción inversa, que consiste en la conversión del ácido ribonucleico viral en ácido
desoxirribonucleico. Esta actividad es llevada a cabo por la enzima transcriptasa inversa. Un grupo de medicamentos antirretrovirales,
denominados análogos de los nucleósidos, inhiben la acción de esta enzima; entre éstos se encuentran la zidovudina o AZT, la didanosina
o ddI, la zalcitabina o ddC, la estavudina o d4T y la lamivudina o 3TC. Aunque los análogos de los nucleósidos interaccionan con la enzima
de conversión del retrovirus, también pueden reaccionar con las enzimas responsables de la síntesis del ADN de las células del organismo,
lo que puede hacer que resulten tóxicos y ocasionen distintos efectos secundarios.
Un segundo problema en el uso de los análogos de los nucleósidos es la aparición de formas resistentes a la acción de estos medicamentos,
debido a la facilidad del virus para realizar mutaciones y también debido a su alta tasa de replicación, sobre todo en las primeras fases
de la infección.
Aunque los medicamentos que inhiben la acción de la transcriptasa inversa nunca han sido considerados como curativos, pueden frenar la
evolución de la enfermedad. Los beneficios de estos medicamentos se hacen más patentes cuando se usan en combinación.
Los inhibidores de la transcriptasa inversa todavía parecen más efectivos cuando se prescriben junto a otra clase de medicamentos retrovirales
llamados inhibidores de las proteasas. El primer medicamento de este tipo fue el saquinavir, al que siguieron otros como el ritonavir, el
indinavir y el nelfinavir.
Actualmente se considera que el tratamiento más efectivo para luchar contra el VIH es la combinación de tres medicamentos tomados conjuntamente,
dos análogos de los nucleósidos, inhibidores de la transcriptasa inversa, y un inhibidor de la proteasa. Aunque estas combinaciones pueden dar
lugar a importantes efectos secundarios, cuando se usan con precaución pueden llegar a reducir los niveles del virus en sangre hasta cifras
prácticamente indetectables.
También se puede emplear una combinación de dos análogos de los nucleósidos, inhibidores de la acción de la transcriptasa inversa, junto
con un inhibidor de esta enzima no nucleósido. La nevirapina fue el primer medicamento de este tipo.
Además, existen diversos tratamientos muy efectivos para luchar contra las distintas infecciones oportunistas que se originan en el SIDA.
Con estos tratamientos se consigue mejorar tanto la calidad de vida como la supervivencia de los enfermos. Distintas medicaciones frente
al microorganismo Pneumocystis carinii han permitido reducir drásticamente la incidencia de esta infección, así como su alta mortalidad.
Varios tipos de fármacos antifúngicos, como la anfotericina B y el fluconazol, son enormemente efectivos. El ganciclovir y el foscarnet se
utilizan para luchar contra la retinitis producida por los citomegalovirus, así como para tratar otras patologías producidas por herpesvirus. |